Por el miedo hablar

Me senté y escuché, cosas que nunca pensé que podrían salir de su boca, pero salieron.

No se notó, o por lo menos los demás no, pero a medida que más sabía, más fragmentos de mi corazón se quebraban, cayendo lentamente al suelo.

No dije nada, simplemente intenté apaciguar las aguas, acrecentar el conflicto, en ese momento, no hubiese servido de nada, cuando uno esta hablando fuerte, levantar la voz sólo termina en gritos. Y no quería eso, simplemente quería que se acabara.

Como todo se acaba, esto también lo hizo.

No dije más nada, lo guardé, todo para mí, era imposible de compartir, era mi carga, sólo mía, tome todo eso que me pesaba y lo acomodé en mi mochila, que tan liviana venía, por suerte había aprendido a descargarla, creí.

Te vi, no me anime a contarte lo que me habían dicho, lo que supuestamente habías hecho, lo que “eras”. Simplemente me puse la máscara, con mi mochila cargada, y seguí los días como sin nada hubiese pasado.

Quería protegerte. Que ingenuo.

El tiempo paso, mi incomodidad se notaba, pero era como cualquier otra, podía echarle la culpa a cualquier aspecto de la vida que no este relacionado con esto, así que simplemente tenía excusas para seguir y no decirte la verdad.

Hasta que un día, como cualquier otro, la cosa cambió.

Charlamos, como todos los días, y vos me dijiste la verdad. Me contaste lo que supuestamente habías hecho, me contaste lo que “eras”.

Sonreíste.

Me explicaste que varios lo sabían, y por suerte casi nadie lo creyó.

Aquellos que lo creyeron, simplemente son parte de una anécdota del pasado ahora, adiós a ellos. Aquel que no sepa quien sos de verdad, tus limites y no cuestionen el ruido cuando lo reciben, no se merece tu compañía.

Yo simplemente respire profundo, realmente sentí como el peso se aligeraba, la mochila se vaciaba y ahora sonreí yo.

Te conté la verdad, nos sentimos estúpidos, ambos sufrimos demasiado tiempo para proteger al otro, para no derribar ídolos de papel, por miedo a lastimar.

Ambos preferimos lastimarnos para cuidar al otro, que necios fuimos.

No voy a dejar de protegerte, vos tampoco vas a dejar de protegerme, pero este peso que libere hoy, me hizo muy feliz.

Que lindo es saber la verdad.

Que fuerte es saber que perdí a alguien que quise por una vil enfermedad que no mata, tu cuerpo sigue en pie, pero, para mi, ya estas muerta. Te quise de verdad.

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