Él estaba cansado, muchas veces se sentía vencido, en su introvertido mundo, a menudo necesitaba un espacio de libertad y soledad donde recluírse para recuperar energías, nadie lo notaba, aunque el no lo ocultara, que realmente era necesario que hiciera eso a menudo, algunos lo creían hasta una excusa, porque el no parecía introvertido, así que, básicamente, no debía serlo.

Después de su autoimpuesto encierro, volvía a colocarse su máscara habitual y salía a la vida, con o sin ganas sabía que no podía desaparecer mucho tiempo, no quería acostumbrarse a disfrutar tanto de la soledad, porque temía del punto sin retorno donde no tuviese nada donde regresar.

Su máscara tenía rajaduras, los demás no las notaban, pero el temía que fueran a empeorar, por eso siempre mantuvo la distancia con los demás, el miedo a su cubierta se rompa era real, iba a quedar a la interperie, donde nadie lo reconocería, porque nadie lo había visto así en mucho tiempo.

Sin darse cuenta, una noche la lluvia lo encontró desprevenido en la calle, el agua comenzó a colarse entre las grietas de lo que el decía que era su rostro, no podía quitársela, y tampoco encontraba resguardo para evitar que siga sucediendo, no tenía forma de cubrirse, el agua simplemente seguía entrando.

El agua nunca le pidió permiso, tuvo la voluntad de entrar y esquivó la máscara como si no existiese, el estaba asustado, no sabía que hacer, mientras temía, también sonreía y disfrutaba sentir la frescura de la lluvia tocando su rostro, ese que hacía años que nada lo tocaba.

Fue vencido, se quedo parado, con su máscara puesta, mientras el agua la esquivaba y acariciaba su rostro, el solo miro al cielo y sonrió, no esperaba que esto sucediera, a pesar de no saber exactamente como reaccionar, lo disfrutaba.

El agua ignoro su excesivo recelo frente a mostrarse realmente y lo conoció a fondo, el aún teme de lo que pueda significar, pero sabe que no puede evitarlo, quizás la lluvia entrometida lo haya salvado más de lo que el quería, más de lo que esperaba, más de lo que siente que merece.

Ahora el sólo sonríe. Solo. O no solo, el y la lluvia que lo hace sonreír.

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