Noches de insomnio

Cansado, puse mi música preferida en el auto mientras volvía por la ruta hacia casa, había sido una semana larga, solo quería volver a mi colchón, dormir bien, tratar de relajarme un rato. Faltaba tan poco que ya podía sentir la almohada.
La noche estaba despejada, solo la luna me acompañaba en el trayecto, lo único que dudaba era que película poner hasta dormirme cuando llegue, tenía dos o tres ideas, iba a ser solo por un rato, seguramente no duraría despierto para verla completa.
El ruido me devolvió a la realidad, el volante empezó a “tirar” hacia la contra mano, la cubierta se escuchaba pinchada, tuve que frenar.
Resignado, ni me enojé, ni me quejé del destino, simplemente tome respire profundo, baje del auto, la cubierta delantera izquierda, efectivamente, estaba pinchada. Fui hacia el baúl, saque la de repuesto y el gato, ya ni me importaba que la ropa se ensuciara, seguía pensando solo en mi hogar.
Me puse en cuclillas para colocar el gato, mientras que lo colocaba unas luces me llamaron la atención, parecía como si un auto hubiese salido de la nada, quizás sea el cansancio o la sorpresa, pero sentí como si me apuntara directamente, me asusté, pero no atiné a moverme, simplemente estiré mi mano derecha, como si fuese un superhéroe que podría frenarlo así, se me cortó la respiración.
Pasó, no se como, no se por dónde, quizás nunca estuvo ni cerca, el sueño me debe estar afectando. Volví a respirar profundo, termine de cambiar la cubierta, arrojé todo en el baúl y subí al auto, coloque la llave… y no pasó nada.
No entendí porque, realmente nunca fui bueno con la mecánica, parecía como si la batería hubiese muerto, pero no lo podía creer, tan rápido? Sonreí y mire para abajo, solo faltaba que apareciera un hombre enorme con una máscara e intentara matarme para ser algún trailer de una película de terror. Por suerte no era el caso.
Busqué el celular, llamé al seguro, después de mucho tiempo, alguien es dignó a atenderme, se escuchaba dormido, de malhumor, “perdoname por despertarte” le dije, el sonido que me respondió era una demostración que no disfrutó el comentario, tomó tiempo explicarle donde estaba, como la localidad más cercana es muy pequeña, no le aparecía en el sistema, nunca le apareció, tuve que guiarlo casi desde mi casa (esa ciudad si le aparecía) hasta donde estaba ubicado ahora, espero que me haya entendido. “La demora aproximada es de 8 horas” me dijo, iba a discutir, iba a discutir mucho, pero no hubiese ganado nada, el iba a seguir durmiendo, yo no, solo trague saliva y me resigné.
Quise volver a poner la música, recordé que la batería no andaba, me reí, ya era cómico, de cierta forma.
Media hora habrá pasado, vi otras luces que venían por la ruta, yendo hacia mi ciudad, ni pensé en pararlo. Era un colectivo, azul oscuro, no era una empresa, era particular, pero no tenía nada escrito, se detuvo en la banquina frente a mi auto, me asusté de nuevo, esta noche daba para todo.
Se bajó un hombre de unos 50 años, totalmente calvo, con un traje viejo y gastado, de su mano derecha una nena de unos 10, con un tierno vestido rosa pastel, me tranquilicé un poco, supuse que debe haber pocos asesinos con nenas, espero.
Se acercó a mi ventanilla, abrí la puerta, no podía bajar el vidrio. Saludo muy educadamente, no me dijo su nombre, pero si a donde iban, era dos ciudades después de la mía, le quedaba de paso. Me preguntó si quería que me lleven, dudé, pero acepté, en casa seguramente conseguiría a alguien que me pueda traer a arreglar el auto.
Se estaba nublando y no quería seguir solo en el medio de la nada, trabé el auto y subí al colectivo, había aproximadamente 10 personas más, todos me miraron fijo, dije “hola”, nadie respondió.
Me senté en el asiento detrás del padre y su hija, pero cruzando el pasillo, ella era la única que me miraba, fijo, intrigada. “Hola” le dije con voz amistosa, ella sonrió, me respondió lo mismo con su voz añiñada.
“Cómo llegaste acá?” me preguntó, le explique que venía de trabajar, le explique lo que sucedió después, ella me observó desilusionada, me dijo que no se refería a eso, no entendí lo que quiso decir.
La noche cada vez era más oscura, las nubes nos empezaron a tapar, cuando la luna se fue, sentí una sensación de vacío, de abandono, muy extraña, el escalofrío que recorrió mi espalda fue muy incómodo, junto con la luna, la nena también se volvió a asomar, no me di cuenta que se había escondido.
“¿De dónde vienen uds?” le pregunte a la niña, ahí se levantaron de sus asientos y me miraron fijo, realmente no entendí que estaba pasando, no se porque me había vuelto interesante tan de repente.
Un hombre gordo, de tez oscura, sentado en la segunda fila de asientos se paró en el pasillo y comenzó a hablar “Estoy hace un tiempo aquí, volvía de un casamiento con mi familia” dijo mientras dos niños que aún no había visto lo tomaban de las manos y una señora, aparentemente su esposa, lo miraba con ojos tristes a su lado, aún sentada.”había bebido -continuó- pero era el único que sabía manejar, creí que podía hacerlo bien, pero casi sigo derecho en una curva, me asusté y para no caer a la banquina, accidentalmente me fui a la contramano, no los vi venir” fue lo último que dijo, un ahogado lamento finalizó la historia por el, una joven pareja dos asientos delante mío se tomaron fuerte de la mano, ella se levantó y siguió la historia “nosotros íbamos charlando, camino a lo de mis padres en la provincia vecina, salimos bien de noche porque queríamos sorprenderlos con el desayuno, no lo vimos venir”, conciso y evidentemente triste, es volvío a sentar.
Me comencé a poner muy nervioso, me puse de pie, inquieto. Quizás aún no quería entender que estaba pasando porque era imposible, simplemente imposible, “¿Están bien?” pregunté, les dije que vayamos urgente a un hospital para que se hagan ver, ahi fue cuando los escuche reír, creo que por única vez, sin siquiera girar la mirada, la esposa del primer señor dijo “nosotros veníamos en un Renault ´12, del año 1994, lo sacamos cero, solo lo tuvimos un año”, no habló más. La indirecta era suficiente.
Detrás mío, casi hablándole a mi nuca se escucho una voz profunda que decía “Por favor siéntese caballero” me dijo un hombre de traje y prominentes canas, la sorpresa me hizo caer de espaldas al piso, el estiró su mano para ayudarme a levantar. “La gente parada inquieta a los niños”, mudo del miedo observé los asientos del fondo, decenas de pares de ojos brillaron en la oscuridad para mirarme, “el viaje es largo, no es bueno que se pongan inquietos” dijo, siguiendo con una extraña tranquilidad.
Me senté al borde del llanto, el puso su mano en mi hombro, respiro profundo y volvió hacia atrás.
Quedaban aproximadamente 13 personas más repartidas por los asientos, una señora mayor iba a comenzar a hablar cuando las nubes volvieron a tapar la luna, todos desaparecieron hasta que la luz volvió, el chofer, sonriendo pidió disculpas por los problemas de iluminación, “gajes del oficio” se refirió. Cuando la señora iba a comenzar a hablar, el chofer interrumpió, “tenemos tiempo de sobra para que escuche las historias y nos cuente la suya” dijo, “pero primero tenemos un nuevo inquilino que buscar”.
“Yo voy” dijo un hombre de unos 35 años, con el uniforme completo moto, me miró y me dijo que lo acompañara, no se porque, pero lo hice.
Bajamos, del lado de la contramano, una grúa no había visto una curva y estaba arriba de un árbol, el conductor tenía un gran agujero en el cráneo, hecho evidentemente por abrir el parabrisas en el impacto, yacía a unos metros por delante. “Te terminas acostumbrando” dijo el motoquero, le colocó la mano en la espalda, como despertándolo, el se levantó como si nada hubiese pasado, le dijo que nos acompañe, por alguna razón el chofer no preguntó nada, simplemente subió, cuando ingresó al colectivo, se veía como si nada hubiese sucedido, yo no podía parar de temblar.
Lo primero que dijo el dueñ de la grúa fue “no voy a llegar a buscar al señor que se le descompuso el auto más adelante”, se me debilitaron las piernas y caí en el pasillo.
De la mitad del colectivo una chica colorada de vestido a pecas se levantó, camino hacia mí, se inclino y bien cerca de mi cara me dijo “Ahora contanos tu historia” con un amplia sonrisa.

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