Jugar en los límites

Porque del blanco al negro hay mil grises, aunque nuestra cabeza sea monocromática, y trate solo de ver los extremos.
Los extremos, ese que nos da las posibilidades, el que nos obliga a tomar las decisiones, pero no cualquier decisión, la que nos lleve de un extremo al otro, del principio al fin, del izquierda a derecha, sin vueltas, sin otras posibilidades.
Porque queremos encontrar señales e indirectas, guiños de un destino al cual no le interesamos, porque ya se decidió, y solo nos brinda la fantasía de creer que nosotros podemos involucrarnos en lo que esta por venir, que en realidad ya vino.
Cuando estamos vencidos, encontramos las pautas que nos dicen que la vida propone irnos como la mejor solución para manejar otra derrota, dura derrota.
Cuando estamos vencidos, encontramos las pautas que nos dicen que la vida propone quedarnos, proyectar aca, como la mejor solución para manejar otra derrota, dura derrota.
Y en esa antitesis es donde se reparte nuestra vida, en tratar de “decidir” por que opción es más real, es más válida, y a la larga, cual es la que nos va a generar mayor felicidad, a nosotros y a los que nos rodean, porque también ahi esta nuestro sentido y debilidad, en los que nos rodean, porque no somos nada sin ellos, porque no podemos abandonarlos a pesar de que tiente.
También uno sufre los errores de su crianza y educación, de sus valores, de creer que siempre se lo que uno considera “malo” esta sobre lo que otros le hacen con maldad, esta en bajar la cabeza para no romper nada, en poner la otra mejilla con la empatía constante. A veces uno se equivoca en querer ser un caballero y morir de pie, cuando lo mejor es devolver el golpe. Porque si solamente es una persona la que pone la mejor intención, es cuando pierde, y pierde frente a un ser que solamente busca su beneficio personal, muy por encima del común, que uno inocentemente busca, inocentemente cree que existe.
Así que quizás la solución sea “ser malo”, o ser justo, para ser más exactos a la hora de expresarse, porque no quiere ser el perdedor siempre, no quiere que ganen los malos, no quiere perder gente, ni perder la pelea, pero a veces para ganar uno se necesita dejar ir al otro, porque la gente que se pierde es la que no entiende la guerra propia, y quizás, si no te entienden simplemente no deberían estar ahí, porque, aunque nos cueste entenderlo, no siempre se puede reparar lo que esta roto.
Así que entre dolores, sueños e incertidumbre, me reparto entre dos orillas completamente distintas, tratando de tapar los huevos del barco, porque me di cuenta que la pena y la culpa no van a evitar que se hunda, pero un tapón si.

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