La simpleza de la comunicación

Para que el otro se entere de las cosas, no hay mejor solución que decirlas.
De nada vale el reclamo. El “te iba a decir esto”. O aún peor, el “ese día me dijiste tal cosa que me cayó mal, así que me enoje y ahora, tiempo después, te lo estoy avisando. Pero el más “doloroso” y a la vez “triste” es el célebre “no te diste cuenta que tenía onda con vos”.
La simpleza de la comunicación, que fácil es decir “che, te pasa algo? Estas cortante”, “esto que estas diciendo en este momento me parece fuera de lugar y me molesta”, o el casi inexistente “tengo onda con vos”.
Que fácil sería no dejar que nos perdamos en laberintos de indirectas, en ser la única persona enojada de la relación (cualquiera sea su índole), decir las cosas de frente para esperar los resultados que queremos, o mal que nos pese, recibir la negativa que nos permita cerrar puertas, transitar otros caminos.
Porque mientras menos decimos, más jugamos con la otra persona, más dejamos las cosas al azar, más molesta.
La cuestión de esperar la retroalimentación de la otra parte no siempre se traduce en una respuesta explícita, a veces el rechazo más fuerte es el que no se dice, el puñal se clava más profundo cuando prefieren “no responder” a “responder”, porque, tal vez pensemos, “salvamos” a la otra persona al no exponerla al adiós, o por lo menos al “no”.
Probablemente la comunicación entre personas sea difícil cuando la comunicación con nosotros mismos tampoco esta del todo aceitada, como decirte si te quiero o no cuando yo todavía no lo se. Como decirme que me querés cuando especificaste tiempo atrás que no lo hacías.
También pecamos de soberbios al medir de ante mano la respuesta de la otra persona, como no decirle cierto comentario por como iba uno a reaccionar, la futurología para el tarot, no se aceptan reclamos de palabras no dichas.
Así que aquí estamos, perdiendo amigos, familia, amores, por no hablar, por no atrevernos o decidirnos a decir las cosas como son en tiempo y forma. La vida es eso que pasa mientras hacemos estupideces, y esta, lamentablemente, es de las mayores y mas comunes, la de perder por no saber decirlo.
Nunca es tarde para ser honestos, nunca es tarde para decir lo que pensamos, ahora, que sepamos aceptar la derrota y el rechazo, esta pura y exclusivamente en nosotros.
La honestidad es como la fidelidad, no esperemos un premio por usarla, es lo que debemos hacer siempre, y no quejarnos cuando es tarde.

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