El fin.-

Había una vez…
Un niño que le gustaba remar, se sentía cómodo haciéndolo, así que diariamente, tomaba su bote y salía desde su orilla, tratando de llegar a la otra.
Día a día, se tomaba unos minutos antes de comenzar y observaba la otra orilla, la veía cercana, tenía posibilidades de alcanzarla, pensaba él, tenía mucho para llevar y mucho para traer, siempre creyó que podría hacerlo, siempre creyó que les serviría a ambas civilizaciones.
El niño creció, pero nunca cedió a su objetivo, a su sueño. Remaba y remaba, pero nunca llegaba. Muchas veces casi lo logra, o eso pensaba el, nunca dejaba de insistir, a pesar de escuchar los gritos de ambas partes pidiéndole por favor que se detenga, que nunca lo lograría.
Una mañana como cualquier otra, el niño, ya siendo adulto, volvió a tomar su bote, sus remos e intentar cruzar el espeso río que dividía ambos fragmentos de tierra. Sin ninguna característica especial, ese día sería distinto para el. Nadie más se daría cuenta, solo el cambiaría ese día, solo el.
Se detuvo a la mitad del trayecto, nadie se extraño, habitualmente era vencido antes, levantó los remos y los apoyó sobre el bote, aprovecho la soledad que le brindaba ese trozo de madera flotante y escuchó. Escuchó los gritos de ambas partes, que le rogaban por darse por vencido, el único que ganaba era el río, que disfrutaba de la atención constante que recibía, sin él, quien sabe cuando alguien más intentaría hacer lo que el hace.
Pero escuchó, de verdad lo hizo, agacho la mirada, observo fijo la corriente y ahí, sin más preámbulo, se rindió.
Simplemente se rindió, se dio cuenta que nunca ganaría, y de hacerlo algún día, ya hasta dudaría si solo fue la lástima de un río que lo tuvo a maltraer mucho tiempo.
El niño, ya hombre mayor, solo volvió a su casa, se dedicó a escribir sus memorias, sus fracasos, y cuando termino solo escribió “el fin.” con punto final y todo, porque todo debe acabar, el pensó que la mejor forma de hacerlo sea con el punto, el punto final.
Sin más vueltas, las historias se acabaron, el se rindió, no se sintió vencido, porque lo hizo lo mejor que pudo, dio el todo por el todo por lo que pensó que podía ser una gran victoria en su vida, pero no lo fue, no perdió, simplemente no gano.
Así, con esa sonrisa mezclada entre felicidad y tristeza, escribió esas palabras, cerró el libro y se marcho. Esa historia termino, pero seguramente habrá muchas otras por contar.
El fin.

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