Miro las cartas y sonrío, de como la vida nos ha llevado a este punto, a este punto donde tengo que liberar un poco del ruido que me dejas a través de un cúmulo de letras casi sin sentido.

Sonrío por lo que hemos pasado, por las veces que estaba convencido de que no había punto de retorno, por las veces que pensabas lo mismo, mientras me deseabas todo el mal posible, de lo que la gente cambia, de las personalidades que se invierten, de como la gente no cambia, de lo que la vida nos ha hecho, de la que la vida aún no nos ha hecho.

Las observo, las analizo, siempre tuve una mano que corría con ventaja, pero nunca una mano ganadora. Quizás solo porque, a veces creo, nunca termine de entender el juego, entiendo el premio, pero no como ganarlo, comparo las manos ganadoras con la mía, y siempre veo que la mía es mejor, pero nunca entiendo las condiciones del triunfo. O solo peco de soberbio al no entender nada de lo que estoy haciendo.

No entender el juego, ese puede ser el primer y último pecado que marca la suerte de las cartas, no importa cuantas partidas juegue, aún ni siquiera estoy seguro de estar en condiciones de obtener la victoria, y es ese momento, ese sutil momento donde considero que tengo que jugar en otra mesa.

Lo dudo, amago a levantarme, y pido cartas para la próxima mano, porque uno entiende el concepto de bajar los brazos aunque estén cayendo, aunque debería comenzar a entenderlo. Uno no entiende que tiene que darse por vencido, no es de los que cuentan las victorias por montones, nunca le interesó serlo, siempre busco una definitiva, la última, la que haga valer la pena todas las manos perdidas anteriormente.

Pero aquí se encuentra, tirando letras que sueñan con tener un sentido, sin entender porque dice lo que dice, ni a dónde quiere llegar con todo este balbuceo escrito, se entiende derrotado, se sabe perdido, se siente un imbécil, las recomendaciones son ambiguas, el pensamiento va solo para un lado, pero el problema de ganar, es cuando no depende de uno.

Las letras se resignan, los dedos se traban, la cabeza explota, este fiel servidor sabe lo que tiene que decir, juega las cartas, las tira sobre la mesa, ahora la casa decide, y la casa siempre gana.-

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s