En la vida hay que jugarse

La televisión nos arruinó, nos quiere hacer creer que las historias de amor increíbles son solo para la ficción.

Pero hay momentos, esos momentos que pueden durar solo un suspiro si no estamos atentos, donde la vida, esa vil suma de tiempo que a veces puede maltratarnos, nos ofrece la posibilidad de crear algo digno de admiración, de envidia, de añoranza por parte de los demás.

Esta en nosotros jugar, jugarnos a todo o nada, a escribir el guión o esperar ver la película de otro. Esta en nosotros apostar a todo por el todo, a jugar de brazos abiertos por una historia épica, de las imposibles. Sabemos que jugarse de brazos abiertos implica bajar los escudos, exponer el pecho, resignar al corazón, a que pueda sufrir, a que pueda romperse, a que podamos perder.

También implica que aquello que tengamos en frente también abra los brazos, baje los escudos, acepte el abrazo ofrecido, devuelva el beso, se funda en nuestro ser para, juntos, comenzar o volver a escribir la historia que dure una eternidad.

Juguemos a arriesgar, juguemos enteros a que podemos vencer, podemos encontrar algo que le ponga aún más color a nuestra colorida vida, no juguemos a conseguir la media naranja, si no a la fruta entera que le de más sabor a nuestra vida.

Juguemos sabiendo que podemos perder, y perder puede doler, juguemos a que sabemos que esta la posibilidad de ganar, porque ganar es el medio para el objetivo final y básico de cada respiro que damos, ser totalmente felices.

Porque una vez que nos sacamos la armadura, bajamos el escudo y salimos de la caja donde nos sentimos comodos estando encerrados es donde podemos vencer, porque juntos podemos dominar el mundo, juntos no hay límites, no buscaremos ser uno, seremos totalmente dos, imposibles, invencibles, inalcanzables.

Juguemos, porque en la vida hay que jugarse, todos conocemos el sabor de la derrota, pero también hemos saboreado la victoria absoluta, aunque se haya escapado, juguemos a buscar ese sabor, a no dejarlo ir nunca más, a una última victoria definitiva que nos tatúe la sonrisa eternamente.

Juguemos, porque podemos perder, y quizás lo hagamos algunas veces, pero si perdemos tendremos una red de gente que nos quiere y nos ayudará a juntar los pedazos de nuestro ser, una y otra vez, sin cansancio, sin reproches, no se quejarán de que nos golpeemos la cabeza contra la pared, la intentarán derribar con nosotros, porque en la vida hay que jugarse, y podemos ganar, ganar de verdad.

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