El horizonte se veía tentador, lo miraba concentrado, esperando una mirada de regreso, una señal, algo, porque siempre uno quiere una señal para que la vida decida por uno mismo.

Y la señal llega, con una oferta, un hecho, una razón y una forma para volver a tratar de alcanzar el horizonte, así tan simple, así tan fácil lo que uno pidió llegó.

Como contra partida, la otra opción es una constante pelea entre el hartazgo rutinario de la vida diaria, y esa mecha que siempre ansía y amaga a ser encendida.

Así que la vida simplemente te mira a los ojos, y se ríe, se ríe de uno mismo, porque te dio la inocente idea que alguna vez decidir iba a ser fácil, pero nunca lo va a ser, nunca lo será. Simplemente seguiremos pasando hoja tras hoja, de un libro sin ninguna lógica ni razón, de ese libro que nos lleva pero no nos guía, que nos sorprende pero aún más nos lastima.

Entonces que? Uno se mantiene tratando de entender las señales, esas que te dicen que la gente que te quiere te quiere ver feliz, aunque eso sea irte, y la gente que queres te gustaría que te quiera aca, pero por dentro sabes que no va a pasar, y quien es uno para forzar algo que, evidentemente no tiene que pasar? Las condiciones estan dadas para irse y para quedarse, así que es solo una elección lo que separa una opción de la otra, una elección que no quiero tomar, una elección que ya tome.

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