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Sentado en las sombras de mi vida, en una ya clásica y constante retrospectiva, llegué a la conclusión que todo cambió cuando quise, y hoy me siento en un bar de una ciudad ajena, destapo una rubia obsesión y ese “pssst” que realiza al clamar su ansiada libertad, genera la misma cara de placer y ansiedad en propios y ajenos, aunque ni unos ni los otros lo sean tanto. Hoy me lleva a que los más viejos y habituales sean nuevos, que todos seamos extrañamente conocidos y ajenos a la vez, de extraños a familiares en un suspiro, de familiares a extraños en un parpadeo.
A pesar de eso noto que al volver, lo hago a una burbuja, a una mentira envuelta en calles, a un desperdicio lleno hasta al hartazgo de gente confundida e ignorante que cree que esta de vuelta cuando todavía ni siquiera penso en comenzar la ida.
Todo esto mientras sentado, disimuladamente miro el reloj, porque no quiero que se note que espero, porque todo llega cuando menos se espera no? bueno, yo no te espero más.

“Veni veni, ahora baja” le decía la señora, sosteniendo de la mano a su niño, el cual bajaba lentamente hacia la calle, mientras que el semáforo se ponía tímido, avisandole a los conductores que debían frenar, o al menos eso decía la ley.
Cuando bajo, el niño, envalentonado por su corta edad intentaba apresurar a su madre a cruzar por la parte cebreada de la avenida, apurado quién sabe por que razón, mirando fijamente el horizonte, el más allá, o algo que quizás su propia imaginación le obligo a seguir tan velozmente .
Su juventud, su inocencia o tal vez su falta de experiencia no le permitieron cumplir con las reglas que tantas veces le habían repetido su madre y su abuela, “mira a los dos lados antes de cruzar” no era una frase con tanto sentido hasta ese momento… porque esa pequeña coupe roja, tan de moda para los jóvenes, que venía casi besando el piso, sobre las llantas tamaño carreta traía detrás del volante a un no tan adolescente conductor, que a pesar de sus años, quería parecer eternamente joven. El no vio o tal vez no quiso observar que el semáforo le recomendaba encarecidamente detenerse; el, simplemente, no lo hizo.
Un suspiro, un parpadeo fue lo que le tomó al auto capturar al hijo de la pobre señora; la cual hasta demoró en entender que la pequeña manito de su nene se le había escurrido de su firme mano, que ahora simplemente estaba a muchos metros, demasiados para ella, por delante de dos rayones negros sobre el mudo asfalto, de la coupé del hombre mayor disfrazado de adolescente, de ese rojo que disimulaba el bordó de la sangre, y ese pequeño redondel astillado sobre el parabrisas, con una rara salsa casi negra, con el tamaño sospechosamente parecido a la cabeza del pobre niño, esa misma que ahora esta abierta sobre el piso, atrapada con el resto de su cuerpo, en una posición dolorosamente extraña. En el impacto, debido a su tamaño, las piernas solo se ven un poco quebradas, a la altura de sus aún jóvenes y débiles rodillas, y en dónde el resto del daño se lo llevo su pequeña cadera, la cual evidentemente no esta atada al resto del cuerpo como hace 15 segundos estaba.
La madre sufre, no puede entender que acaba de pasar, mira a su pequeño buscando una reacción, una explicación, el niño yace con sus brazos abiertos, casi pidiendo un abrazo, por el golpe que lo dejó perplejo en esa posición. Él parece observarla, porque solo por casualidad sus ojos quedaron abiertos, mirando hacía su lado, con sus ojos marrones cada vez más ópacos, batallando contra una pelea que tiene claramente perdida. Su columna tal vez hubiese trasladado todo el dolor en sus miembros inferiores… hasta que su madre llegó a el, y movió su pequeña cabezita, abrazó su cuerpo, y termino de masacrar las vertebras que aún mantenían la ilusión que el cuerpito volviera a moverse.
El pseudo adolescente aún no sabe que sucedió, “para que frenar” era la consigna, “porque no frene?” es la actual. Todavía no entiende que haya cargado una vida a su picardía, a su viveza para no respetar normas tan simples como frenar ante una luz de un color específico. Aunque cuando lo entiende, no se preocupa tanto por lo que hizo, si no por los resultados de su acción, sabe que eso le puede dejar varios años guardado en un lugar a dónde el solo conocía por programas de televisión y películas norteamericanas, un lugar tenebroso, peligroso, no para personas como el, pensó.
El semáforo pierde la timidez, vuelve a ofrecer esperanza para que los transeúntes se detengan y los autos vuelvan a circular, aunque nadie lo hace, todos esperan conmocionados, algunos hasta detienen su marcha y se bajan, intrigados por lo que ese gran círculo de personas encierra, solo dos cosas aumentan, la cantidad de sangre y la de personas que observan lo que pasa. Estadísticamente sabemos que debe haber uno o dos médicos entre ellos, pero las mismas leyes que no cumplió nuestro conductor, los asustan y le dejan romper ese hipócrita juramento para no hacer nada por el infante que, entre dos tocidos ahogados, se termina de despedir de su madre, el fin del sangrado avisa que su jóven corazoncito a dejado de pelear.
La madre sigue sin comprender, el conductor sigue sin bajarse del auto; sufre los futuros frutos de su acción, pero ya comienza a fantasear con la posibilidad que esas mismas leyes que lo van a juzgar, puedan manosearse como cotidianamente lo hacen y permitirle volver al volante de su coupé roja. Esto mientras todos observan; los ruidos de la selva urbana no pueden tapar el mudo sonido del dolor de una madre que ya no lo será más, y sueña con una ambulancia que aún, no se escucha.

“Lucky” de Jason Mraz suena, mi día arranca, una personalidad madrugadora abre los ojos, mira la hora y otra personalidad no lo puede creer, que hace este cuerpo reaccionando tan temprano? con que necesidad? asi que ese cuerpo enojado por haber madrugado intenta por todos sus medios que la cama sea el lecho que lo ampare unas horas más, una nueva personalidad nace, hace mover al cuerpo y lo lleva hasta intentar hacer algo útil, en ese momento dos personalidades mellizas se enfrentan, una más hambrienta quiere imponerse y desayunar, mientras que otra, más acorde al madrugador enojado, no quiere hacerlo, es más, no quiere hacer nada. En este caso, los mellizos se reparten victorias por partes iguales, dependiendo del día.
El tiempo pasa, las personalidades que miran tele y leen el diario se reparten por el resto de la mañana, ambas hacen los posible por tener maniatado a la pobre personalidad más inquieta, la que quiere salir a hacer las cosas que después la personalidad responsable sufrirá por no haberlo hecho, aunque esta pobre inquieta muy pocas veces logra salir victoriosa.
En el almuerzo los mellizos ya tienen un claro dominador al parecer, el que cocina, aunque una vez desprevenido sufre el ataque de su hermano, que durante el proceso lo ataca, dejando casi todo a medio hacer, sucio, impresentable.
La personalidad vaga vuelve a tomar el control mientras los minutos para ir a trabajar pasan, se sabe a que hora debe partir, aunque espera hasta que sea tarde para apurarse, y ahi de nuevo la personalidad responsable aparece para poner una piedra más en una ya interminable mochila que el cuerpo carga.
En el camino al trabajo la personalidad soñadora toma un control que ninguna quiere pelearle, en ese momento todas salen a pasear, a soñar por ahi, por lo menos por unas cuadras, mientras que el cuerpo mira por una ventanilla que le muestra una rutina diaria y a la vez incansable a la vista.
El trayecto culmina y las personalidades, sea cual sea la que este en control al momento, se ven abrumadas por lo que encuentran y le permiten al cuerpo parar los pensamientos, detener el martirio constante y disfrutan el momento, esos 15 minutos de tiempo muerto que llevan al cuerpo a descansar de lo que la vida le ofrece.
Pero como todo lo bueno, se acaba, la rutina sigue y hay que intentar ser responsables, en dónde la ruleta de las personalidades puede tomar un ganador en cada momento, la personalidad agresiva, que odia las llamadas, a la gente que llama, y basicamente a si mismo, la personalidad responsable, que trabaja y hasta casi disfruta hacerlo, la personalidad extrovertida, aunque sea puro engaño, aprovecha la situación para conocer gente, charlar, desenvolverse en un ámbito rodeado de más personalidades, aunque ellas solo tengan una por cuerpo, y asi hay miles más que logran controlar, aunque sea por unos instantes, al maltrecho cuerpo.
El sol se esconde y con el regreso a casa vuelve la pelea por el control, la personalidad responsable solo toma el control cuando es absolutamente necesario hacerlo, pero como siempre, lo hace al limite, y eso quiere decir, tarde.
Así que la personalidad vaga de siempre vuelve a controlar al cuerpo, haciendo lo que hace mejor, nada, mientras que lo único que generan es culpa y problemas que se suman a la interminable lista.
Hoy, por un rato, ganó la personalidad escritora, que no es más que la válvula de escape frente a un cuerpo que no transmite más sensaciones de las que los demás quieren ver, así que aprovecha y antes de generar un colapso, trabaja de esta manera, permitiendole al triste escritor, un momento de frescura y desahogo.
Sin más, y habiendo muchas más, estas personalidades abandonan, esperando que alguna vez una de las tantas quiebre, se desespere y asesine a las demás, no importa cual sea, mientras solo sea una.

Caminaba por la playa, con tu mujer y alguien más, en nuestra ciudad, en nuestra costa, mirando el mar, enamorado de esa linea azul que choca con el cielo, de ese horizonte de agua del cual no puedo estar más enamorado, dejando que la arena se entrometa entre mis dedos, revisando como siempre de reojo al suelo, buscando esas aguavivas tan raras, tan víctimas de la marea, tan simples y a la vez muy respetadas por mi falta de gusto a lo que no entiendo.
Y ahi, como corri la vista del interminable horizonte azul, te encontre a vos, en esa tan imposible situación, por alguna tétrica y morbosa razón, reaccione hasta casi con sospechosa tranquilidad, mis ojos te extrañados, más no asustados, añoraban con verte, pero nunca esperaban encontrarte.
Así que corri, mientras los demás no lo hacían, no se porque, tal vez no te veían, o tal vez simplemente era aún más normal para ellos encontrarte, quizás no eras la novedad para ellos como si lo eras para mi. Llegue a vos, y si eras vos, en la playa como en mi vida te habia visto, juntando esas almejitas playeras, esos residuos playeros clásicos, que pasan inadvertidos para la mayoría menos para los niños que disfrutan jugando a coleccionarlos. Vos, lejos de ser un niño, los juntabas con el mismo ímpetu que ellos, te agachabas con sospechosa simpleza para los años que tenías encima, tu mano derecha elegía las víctimas que iban a caer en ese balde rojo que tu otra mano sostenía con firmeza. Por alguna razón sabía que lo que estabas haciendo no era para vos, y muy extraño fue, que en vez de ponerme triste, me sentí feliz de saberte acompañado, malcriando a alguien, por lo menos hasta que yo te alcance y lo puedas hacer conmigo.
Trate de hablarte, y creo que lo hice, no se porque el sonido no es mi fuerte en esta situación, algo me respondiste, pero obviamente nunca voy a saber que, escuche tu voz, pero evidentemente inventada por mi cabeza, porque no dijiste palabras, solo tal vez necesitaba escuchar tu voz. Extraño tu voz y tus palabras, tus consejos, te extraño a vos.
Ahora si, todavía sin mirarme, concentrado en semejante trabajo, me preguntas algo, me pedis, necesitas cambio de un peso. Nunca en lo que me reste de vida voy a entender porque me preguntaste eso, y yo, descalzo, en cuero y con mi malla verde manzana, intento revisar como si fuese a, mágicamente, aparecer un bolsillo en mi cuerpo, le abro los brazos, me encojo de hombros y le refuerzo la negativa su pedido con una voz cortada que le dice “no, no te puedo creer, me quiero morir, no” y no lo entiendo, pero en ese momento, sentí como los pedazos de mi destrozado corazón se caían a pedazos, como mi alma se despedazaba por no poderte ayudar en este bizarro y casi enfermizo reencuentro. Vos intentas mirarme pero no se porque tus ojos nunca existen, y respondiendo con el mismo gesto me decís, casi resignado, con una profunda, demasiado profunda tristeza, que no hay problema, que igual solo tenías 70 centavos.
Intento tocarte, necesito tocarte, aunque estuvieses frío como la última vez que lo hice, lo necesito tanto, pero no puedo hacerlo. Es como si una burbuja jugase con mis sentimientos, se riera de mi necesidad y me demostrara que de una vez por todas debo dejar de esperarte, soñarte, de pensar en alcanzarte. A pesar de eso, intento, y por dios que lo hago, daría todo por poder llegar a vos, pero no puedo. No existe nadie más en la playa, solo ellos a muchísimos metros, indiferentes, vos y yo, y no puedo ayudarte, creo que nunca más podré.
Me levanto más triste que nunca, como si me hubiese pisado un camión, y a su vez me hubiesen tirado 1000 kilos de tierra encima, como si el que estuviese bajo tierra fuese yo.

Tanto soñe y tanto sufri por no haber podido ser lo suficiente para vos, para que te vayas pensando en q fui todo lo que pude, cuando en realidad te fuiste cuando no era nada, aún no soy nada.
De no querer dormir a no querer despertarme, en sueños solo te tengo, en recuerdos, en fantasías, en inexplicables encuentros. De vivir soñando a soñar vivir, tanto cambia y con tan poco.
En una sola conversación de tu familia, los sueños se volvieron palpables, la esperanza un hecho, la fantasia una temeraria realidad que temo afrontar, ellos dicen que me van a ayudar a ser más, a ser lo que siempre quise ser para vos, lo que nunca pude.
En una sola conversación, solo eso faltó para que mi corazón se detuviera y me diera cuenta que cargaba con una mochila de tristeza y verguenza que vos no me habias puesto, pero todos sabemos que siempre me exigi de más, y nunca voy a poder solucionar el hecho que, por más que ahora se que lo creías, no te haya podido demostrar que era más de lo que vieron.
Ahora que no necesito estar dormido para mirar un futuro diferente, me da miedo caminarlo, tu abandono lo sentí como un fracaso muy personal, más alla de que ahora entre las sombras me sigas cuidando. Y que si no puedo ser más? y que si esa factible realidad no era más que un castillo de arena? y que si jugar a mi número no es ganar?
Cómo siempre te necesito, como siempre se que no vas a estar, pero el futuro brinda un alentador miedo de jugarme y ver q sale, de la derrota se sale, el fracaso tal vez se supere, pero la estupidez que sería no arriesgar, no.

Años escribi, sobre ser o no ser, sobre toda la triste cuestión de cambiar o dejar de hacerlo, cuando al final, hoy, en un breve período de lucidez me demostró que ya había vencido. Era todo tan simple que solo sonrei, paso tras paso, acercandome a mi destino, simplemente sonreí. Ahi también note otra cosa, que sonreir, para la gente, es síntoma de enfermedad, de idiotez y de locura, aunque a esta altura todos sabemos que soy un enfermo loco idiota.
La cruel realidad es que mi triunfo llegó solamente con hacer una simple y a la vez muy elaborada maniobra, simplemente deje de ser un idiota.

Después de mucho tiempo pude volver a escribir, de nuevo de noche, de nuevo acostado, como nunca envuelto en la obscuridad.
Los vientos de cambio trajeron, efectivamente y de una vez por todas, cambios. Eso se reflejó en cada aspecto, desde un triste bloqueo para escribir que en realidad no era tal, si no un reflejo de mi podredumbre hacía lo que mi vida parecía ser, y una tristeza que tampoco era tal, si no aburrimiento y cansancio.
Hoy soy otro, en general y en detalles, los vientos de cambio siguen soplando, como siempre estuvieron, como nunca tan eficientes, llevandome cada día a ser diferente, para bien o para mal.
Aquí me encuentro, con puertas que ya no cierro, con sombras que ya no temo, con sueños ya cumplidos y otros más que vendrán, con un puño y letra traduciendo locura, plasmando verdades, como siempre personales, como siempre compartidas.
Humillantemente feliz con tan poco, siempre insatisfecho, esperando ser mucho más feliz, con solo un poco más. Vistiendo el mismo corazón de siempre, que se rompe, pero por lo menos esta vez no se oculta.

Cronicas de un hacker suicida.

la cocina esta lejos y el piso esta frío.
asi q el cuchillo había dejado de ser una opción.
la computadora prendida y el enchufe que la alimentaba paso a cada vez ser más tentador.
no quise ser tan grotesco como para lamerlo y terminar asi, tal vez porque el golpe de tensión podría equivocarse y no matarme, solo cortar la luz y humillarme.
asi que simplemente observe la decoración, la cara y elaborada decoración que a mi pesar habian decidido poner.
y encontre al fin la solución
el candelabro añejo y pesado, tenía que ser firmemente amurado a la pared para no ceder ante los caprichos de la gravedad
asi que, irónicamente, ese artefacto vetusto y de mal gusto que tanto odie, sería la solucion para mi capricho final.
la calidez y calidad de los cordones de mis zapatillas servirían de liberadores del alma apresada en este cuerpo.
y la belleza de la tecnología a favor del sedentarísmo y la comodidad me habían brindado esta silla con rueditas que cumpliría la función de salvaje sacrificador en este acto.
sin más, y previo estudio de nudos por internet, puse todo en su lugar, una punta del cordón y la otra en mi cuello, pasando por mi cara que hacia de publicidad para cualquier dentrífico al mostrar todos mis dientes en una tenebrosa sonrisa.
y mis sucios pies apoyados placidamente (y por última vez) en la silla de cuero negro.
cual jugador de fútbol profesional, todo termino con una eficiente patada a la vil silla que se alejaba, resignada, echando la suerte en la calidad del albañil que había amurado este sobrevaluado candelabro.
por suerte, el trabajador había realizado bien su función y nada cedió, solo el oxígeno de mis pulmones, y con ello mi vida y alma.
Todo terminó, aunque no sin antes balbucear lo que pensaba, que no era, ni más ni menos, “esto fue una mala idea”

perdón, me deje llevar y no quería parar……………….

Y si, ya hace tanto q tengo el blog y maquino tanto que no tengo chances de actualizarlo (chances, ganas).

Pero bueno, dentro de un rato pasa a ser mi aniversario, lo que obviamente gracias a mi naturaleza pesimista no me agrada en lo más mínimo.

La verdad es q esta noche vamos a arrancar saliendo, seguramente mañana también, comer con la flia, recibir llamadas y mensajes, lo de siempre. Lo peor de todo es que ya no se si es madurez, estupidez o que, pero ultimamente soy un agradecido con todos los que sabían que mi cumple venía, es como que no me deja de sorprender que me tengan tan en cuenta, pero a la vez ya desde ahora empieza a doler las cosas nuevas que voy a sufrir este año. Queramos o no, ya este año voy a tener una persona menos para hablar, no tener esos minutos de conversación para decirme q tendría q hacer, que me busque pendejas porq las más grandes son más mañosas, jaja. Siempre fui tan estúpido como para sufrir a crédito, todavía no empezo y ya quiero q se acabe, Yo se que pierdo una llamada pero q te gane como compañia, porq muy dentro mío nunca voy a querer creer q fue un abandono lo q hiciste si no que solamente te acercaste un poco más aunque no te pueda ver más.

Obviamente mañana voy a pensar en todas las cosas que tendría q cambiar, como que todo esto q no te pude decir a vos debería poder decirselo a los demás, como para no arrepentirme como hago ahora… que debería dejar de temer y empezar a querer, pero bueno, yo se q sabes como eran las cosas, y lamentablemente al otro día seguire siendo el mismo idiota que soy hoy, sin haber cambiado tantas cosas  q debo. Siguiendome tragando las cosas hasta q sea tarde y ya no sirva de nada decirlas.

Mis personalidades geminianas pelean entre seguir tratando de no estar en el medio o resignarse y disfrutar de la atención, y esta batalla parece no tener fin.

Un día q hace tan feliz a unos puede hacer tan mal a otros!

Solo quedamos dos en la mesa, mis cartas son buenas, aunque ya no me importa si puedo ganar o no. Hoy quise darme cuenta eso, no importa que tan fuerte es mi juego, tal vez ahora me importa más compartirlo con la otra persona.

Pero en eso me quedo, en mis intenciones de mostrar el juego. La apuesta esta hecha, las cartas esperando a ser echadas. Solo hace falta que alguien se haga cargo del otro asiento y decida si jugarsela o no.

Cansado, de creer que todo este problema es mi culpa, quiero darme cuenta que para equivocarse, para jugarsela, y hasta alguna vez para pegarla, hacen falta ser dos.

No importa el resultado. Jugatela y tal vez ganemos todos.