You are currently browsing the monthly archive for Noviembre 2009.

“Lucky” de Jason Mraz suena, mi día arranca, una personalidad madrugadora abre los ojos, mira la hora y otra personalidad no lo puede creer, que hace este cuerpo reaccionando tan temprano? con que necesidad? asi que ese cuerpo enojado por haber madrugado intenta por todos sus medios que la cama sea el lecho que lo ampare unas horas más, una nueva personalidad nace, hace mover al cuerpo y lo lleva hasta intentar hacer algo útil, en ese momento dos personalidades mellizas se enfrentan, una más hambrienta quiere imponerse y desayunar, mientras que otra, más acorde al madrugador enojado, no quiere hacerlo, es más, no quiere hacer nada. En este caso, los mellizos se reparten victorias por partes iguales, dependiendo del día.
El tiempo pasa, las personalidades que miran tele y leen el diario se reparten por el resto de la mañana, ambas hacen los posible por tener maniatado a la pobre personalidad más inquieta, la que quiere salir a hacer las cosas que después la personalidad responsable sufrirá por no haberlo hecho, aunque esta pobre inquieta muy pocas veces logra salir victoriosa.
En el almuerzo los mellizos ya tienen un claro dominador al parecer, el que cocina, aunque una vez desprevenido sufre el ataque de su hermano, que durante el proceso lo ataca, dejando casi todo a medio hacer, sucio, impresentable.
La personalidad vaga vuelve a tomar el control mientras los minutos para ir a trabajar pasan, se sabe a que hora debe partir, aunque espera hasta que sea tarde para apurarse, y ahi de nuevo la personalidad responsable aparece para poner una piedra más en una ya interminable mochila que el cuerpo carga.
En el camino al trabajo la personalidad soñadora toma un control que ninguna quiere pelearle, en ese momento todas salen a pasear, a soñar por ahi, por lo menos por unas cuadras, mientras que el cuerpo mira por una ventanilla que le muestra una rutina diaria y a la vez incansable a la vista.
El trayecto culmina y las personalidades, sea cual sea la que este en control al momento, se ven abrumadas por lo que encuentran y le permiten al cuerpo parar los pensamientos, detener el martirio constante y disfrutan el momento, esos 15 minutos de tiempo muerto que llevan al cuerpo a descansar de lo que la vida le ofrece.
Pero como todo lo bueno, se acaba, la rutina sigue y hay que intentar ser responsables, en dónde la ruleta de las personalidades puede tomar un ganador en cada momento, la personalidad agresiva, que odia las llamadas, a la gente que llama, y basicamente a si mismo, la personalidad responsable, que trabaja y hasta casi disfruta hacerlo, la personalidad extrovertida, aunque sea puro engaño, aprovecha la situación para conocer gente, charlar, desenvolverse en un ámbito rodeado de más personalidades, aunque ellas solo tengan una por cuerpo, y asi hay miles más que logran controlar, aunque sea por unos instantes, al maltrecho cuerpo.
El sol se esconde y con el regreso a casa vuelve la pelea por el control, la personalidad responsable solo toma el control cuando es absolutamente necesario hacerlo, pero como siempre, lo hace al limite, y eso quiere decir, tarde.
Así que la personalidad vaga de siempre vuelve a controlar al cuerpo, haciendo lo que hace mejor, nada, mientras que lo único que generan es culpa y problemas que se suman a la interminable lista.
Hoy, por un rato, ganó la personalidad escritora, que no es más que la válvula de escape frente a un cuerpo que no transmite más sensaciones de las que los demás quieren ver, así que aprovecha y antes de generar un colapso, trabaja de esta manera, permitiendole al triste escritor, un momento de frescura y desahogo.
Sin más, y habiendo muchas más, estas personalidades abandonan, esperando que alguna vez una de las tantas quiebre, se desespere y asesine a las demás, no importa cual sea, mientras solo sea una.

Caminaba por la playa, con tu mujer y alguien más, en nuestra ciudad, en nuestra costa, mirando el mar, enamorado de esa linea azul que choca con el cielo, de ese horizonte de agua del cual no puedo estar más enamorado, dejando que la arena se entrometa entre mis dedos, revisando como siempre de reojo al suelo, buscando esas aguavivas tan raras, tan víctimas de la marea, tan simples y a la vez muy respetadas por mi falta de gusto a lo que no entiendo.
Y ahi, como corri la vista del interminable horizonte azul, te encontre a vos, en esa tan imposible situación, por alguna tétrica y morbosa razón, reaccione hasta casi con sospechosa tranquilidad, mis ojos te extrañados, más no asustados, añoraban con verte, pero nunca esperaban encontrarte.
Así que corri, mientras los demás no lo hacían, no se porque, tal vez no te veían, o tal vez simplemente era aún más normal para ellos encontrarte, quizás no eras la novedad para ellos como si lo eras para mi. Llegue a vos, y si eras vos, en la playa como en mi vida te habia visto, juntando esas almejitas playeras, esos residuos playeros clásicos, que pasan inadvertidos para la mayoría menos para los niños que disfrutan jugando a coleccionarlos. Vos, lejos de ser un niño, los juntabas con el mismo ímpetu que ellos, te agachabas con sospechosa simpleza para los años que tenías encima, tu mano derecha elegía las víctimas que iban a caer en ese balde rojo que tu otra mano sostenía con firmeza. Por alguna razón sabía que lo que estabas haciendo no era para vos, y muy extraño fue, que en vez de ponerme triste, me sentí feliz de saberte acompañado, malcriando a alguien, por lo menos hasta que yo te alcance y lo puedas hacer conmigo.
Trate de hablarte, y creo que lo hice, no se porque el sonido no es mi fuerte en esta situación, algo me respondiste, pero obviamente nunca voy a saber que, escuche tu voz, pero evidentemente inventada por mi cabeza, porque no dijiste palabras, solo tal vez necesitaba escuchar tu voz. Extraño tu voz y tus palabras, tus consejos, te extraño a vos.
Ahora si, todavía sin mirarme, concentrado en semejante trabajo, me preguntas algo, me pedis, necesitas cambio de un peso. Nunca en lo que me reste de vida voy a entender porque me preguntaste eso, y yo, descalzo, en cuero y con mi malla verde manzana, intento revisar como si fuese a, mágicamente, aparecer un bolsillo en mi cuerpo, le abro los brazos, me encojo de hombros y le refuerzo la negativa su pedido con una voz cortada que le dice “no, no te puedo creer, me quiero morir, no” y no lo entiendo, pero en ese momento, sentí como los pedazos de mi destrozado corazón se caían a pedazos, como mi alma se despedazaba por no poderte ayudar en este bizarro y casi enfermizo reencuentro. Vos intentas mirarme pero no se porque tus ojos nunca existen, y respondiendo con el mismo gesto me decís, casi resignado, con una profunda, demasiado profunda tristeza, que no hay problema, que igual solo tenías 70 centavos.
Intento tocarte, necesito tocarte, aunque estuvieses frío como la última vez que lo hice, lo necesito tanto, pero no puedo hacerlo. Es como si una burbuja jugase con mis sentimientos, se riera de mi necesidad y me demostrara que de una vez por todas debo dejar de esperarte, soñarte, de pensar en alcanzarte. A pesar de eso, intento, y por dios que lo hago, daría todo por poder llegar a vos, pero no puedo. No existe nadie más en la playa, solo ellos a muchísimos metros, indiferentes, vos y yo, y no puedo ayudarte, creo que nunca más podré.
Me levanto más triste que nunca, como si me hubiese pisado un camión, y a su vez me hubiesen tirado 1000 kilos de tierra encima, como si el que estuviese bajo tierra fuese yo.

Tanto soñe y tanto sufri por no haber podido ser lo suficiente para vos, para que te vayas pensando en q fui todo lo que pude, cuando en realidad te fuiste cuando no era nada, aún no soy nada.
De no querer dormir a no querer despertarme, en sueños solo te tengo, en recuerdos, en fantasías, en inexplicables encuentros. De vivir soñando a soñar vivir, tanto cambia y con tan poco.
En una sola conversación de tu familia, los sueños se volvieron palpables, la esperanza un hecho, la fantasia una temeraria realidad que temo afrontar, ellos dicen que me van a ayudar a ser más, a ser lo que siempre quise ser para vos, lo que nunca pude.
En una sola conversación, solo eso faltó para que mi corazón se detuviera y me diera cuenta que cargaba con una mochila de tristeza y verguenza que vos no me habias puesto, pero todos sabemos que siempre me exigi de más, y nunca voy a poder solucionar el hecho que, por más que ahora se que lo creías, no te haya podido demostrar que era más de lo que vieron.
Ahora que no necesito estar dormido para mirar un futuro diferente, me da miedo caminarlo, tu abandono lo sentí como un fracaso muy personal, más alla de que ahora entre las sombras me sigas cuidando. Y que si no puedo ser más? y que si esa factible realidad no era más que un castillo de arena? y que si jugar a mi número no es ganar?
Cómo siempre te necesito, como siempre se que no vas a estar, pero el futuro brinda un alentador miedo de jugarme y ver q sale, de la derrota se sale, el fracaso tal vez se supere, pero la estupidez que sería no arriesgar, no.