Después de creer q mi posibilidad de escribir había muerto con mi tristeza, me di cuenta de una verdad a gritos… Esa era una egoísta excusa.
Porqué? Porque no pude seguir escribiendo al no poder plasmar mis conflictos en letras, pero la realidad era que, cambiando un poco una frase q me gusta mucho y uso bastante, no hay peor ciego que el que tiene los ojos cerrados.
No necesito mis conflictos para escribir, si no abrir los ojos y mirar un poco alrededor, hoy me di cuenta que las preguntas y las respuestas estan al alcance de la mano, la gente no explica lo que quiere, pero hace lo posible para que lo entiendan. Uno no se equivoca, si no que otro cambia de opinión. Todo el mundo tiene ganas de ser comprendido, pero ninguno tiene ganas de explicarse.
Todo eso me fui dando cuenta al entender que no era cuestión de escarbar mis tristezas, si no de volver a ser más analista con el mundo que me rodea, cosa que deje de hacer al cerrar los ojos, en parte conciente, en parte no. Tal vez quise dejar de ver por la más clásica y muy real cuestión de que el boludo es mucho más feliz, el que deja de preocuparse por tantas cosas, disfruta más de la vida. Pero hoy parece que también deje de creer eso, tendré que encontrar el punto de equilibrio entre ser feliz y ser profundo.
En la superficie esta la felicidad, bien chata, básica, obviamente, superficial. Mientras más vamos descendiendo a las profundidades nos damos cuenta que la presión va aumentando, que la luz se nos va acabando, que la felicidad cada vez esta más lejos, hasta que llegamos al límite de la profunidad (diferente en cada uno) en dónde podemos ser mucho más analistas con la vida, pero mucho menos felices, casi al punto de rozar (o alcanzar firmemente) el fondo del mar, con la infelicidad esperando para actuar de arena y pegarnos al fondo en una elección sin regreso, sin ascenso.

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