La respiración se vuelve superficial, tu cuerpo comienza a transpirar, todo tu ser se pone alerta y pelea contra un enemigo íntimo, tanto que solo vos lo conoces, tanto que solo en sueños te agrede, te aprisiona y no te deja ir.
Con un grito ahogado te despertas, agitada, asustada, solitaria encerrada entre cuatro paredes que parecen querer acorralarte entre sombras y fantasmas que hace tanto tenes, que tantas tienen.
Buscas en las sábanas una compañia para protegerte de tus propios pensamientos, las lágrimas recorren tu rostro mientras tus gemidos intentan liberar la presión que te generaste al soñar y al encontrar, en ese supuesto descanso reparador, un enemigo que refleja tus más profundos y peligrosos pesares.
Ahi comenzas a armar la solución, seguis convenciendote que algún día tiene que llegar, no es que no sepas elegir, si no que últimamente, solo desde q naciste hasta el día de hoy, tuviste mala suerte para encontrar alguien que sea lo que necesitas. Y en ese momento de incertidumbre, parecería que por dentro tomaras un lapiz, un papel, y ennumeraras todas las cualidades y requisitos necesarios para vestir a alguien de azul, subirlo a un caballo y darle un título de la realeza. Sumas, sumas y sumas, entre características excluyentes y detalles de histérica, vas tachando y tachando, hasta que de lo poco q podrías elegir, sabes que uno tiene forma justa para calzar en lo que sabes que querés, en lo que soñas tener, en lo que no crees merecer.
El resultado no te sorprende, hasta tal vez me ves en las sombras con ganas que realmente este ahi, pero no, cerras los ojos, elegis entregarte a sueños destructivos antes que a fantasias reales, elegis seguir quejandote de tu suerte, en vez de buscar por última vez a quién es, simplemente, todo lo que siempre quisiste. No me elegís a mi.
Mis ojos estan hipnotizados con ese punto en la pared, no se mueven, no se distraen con algún otro sector del departamento, simplemente se encuentran fijados en ese lugar, que nada tiene de especial.
Mi cuerpo se encuentra en una sospechosamente incómoda posición, que al revisarla nada encuentra de lógico, con el brazo derecho como señalando hacia atrás, y el izquierdo intentando alcanzar a su colega, pasando por debajo de un cuerpo que nada hace para solucionar ese jeroglífico humano. Mis piernas se observan fijamente, enfrentadas como nunca, con ese raro tono rojizo en las alpargatas blancas que ya nunca volverán a ser las mismas.
Visto desde afuera, el charco de lo que antes era mi sangre, envuelve a lo que antes era mi cuerpo, en una postal más de libro de detectives que de mi vida. Ya no hay más tosidos ahogados que batallan contra lo irreversible, ahora se nota que arreglar cosas en el techo con una silla con ruedas no debería ser la idea elegida, nunca. Mi cara no cambia de color, nunca estuvo más que palida, y ahora no sería la excepción, aunque la mueca de sorpresa aún se mantiene, quién hubiese pensado que el plástico no soporta tanto peso? que mi equilibrio no es exactamente algo para destacar? y que sobre todo tanta cabeza que tuve no se pudo bancar un simple golpe contra los cerámicos que ahora se utilizan como balde de mis fluidos?
Una mosca descubre la novedad, y aprovecha la oferta de tanta basura disponible para una sola, aunque la novedad se esparce rápido y ya son cientos, miles de compañeras que la acompañan en el festín… esta bien que no era una persona muy cuidada con el aseo del departamento, pero me sorprende que nadie note el hedor que esta bolsa de huesos emana.
Aún así las noches pasan, solteras, de a una por vez, sin querer mandar al frente esta situación de la cual, parece, nadie quiere enterarse.
Los días se apilan, hacen su fiesta de 15 y cumplen su mayoría de edad, hasta que al cumplir sus bodas de plata, la cerradura denuncia una violación de una llave que por fin parece decidida a verificar que ha sucedido con el inquilino del departamento.
No nos engañemos, nadie entra preocupado, enceguecido con los ojos bañados en lágrimas buscando a algún amigo, familiar, algún amor perdido, simplemente es el dueño del inmueble que viene a analizar que ha pasado al no llegar el alquiler del mes corriente, y no recibir respuesta del que ahora es solo un cuerpo que adorna el piso.
Tanto tiempo paso, y ahora seguirá pasando hasta que el terrateniente pueda encontrar quien se haga cargo del cadaver que ensució una de sus fuentes de ingreso, para que lo puedan llevar a ser ceniza, esparcirlas para no ocupar espacio y pasar a otra cosa, entre probables lágrimas de cocodrilos de gente a la cual nunca llego a importarles, esa misma gente que lo dejo por crecer y ser diferente, que se olvido de que había alguien parecido a esa cena de moscas a la cual ahora dicen que extrañaran, hasta mañana que un boliche abre de nuevo, y haya que pasar la página que ya hace rato han pasado, y volver a abandonar un cuerpo entre, otra vez, mentiras que por suerte ya no tengo posibilidades de escuchar, ya que me encuentro encerrado en la tierra de un verano constante, de los excesos y el descontrol, el supuesto sufrimiento eterno, con un dueño un poco rojo y cornudo con un aparente mal carácter, aunque no sea más que un truco publicitario para reducir el turismo en temporada alta. Una tierra que, ha decir verdad, tampoco esta tan mal, casa.
Me siento, resignado, como noche tras noche, buscando en la impersonalidad de una red interminable una respuesta a tantas preguntas, que entre idiotas y muy idiotas, buscan destrozar el poco de racionalidad que posee el cuerpo maltrecho y cansino que me atrapa.
Triste, busco las respuestas en sitios habituales, ante la ignorancia y la falta de fe de encontrarlas en lugares nuevos, temiendo tal vez algún nuevo interrogante que colabore a mi locura a cantar una última victoria.
Así paso las noches, hasta que alguna vez algo cambia, alguna saludo impensado genera ese dulce sabor amargo de lo que será una victoria derrotada, una derrota con sabor a victoria, un enjambre de esperanzas unidos en oraciones, hasta casi, con sentido.
Ahora ya no golpeo, si no que acaricio cada tecla, buscando darle una intención a una armada de letras que buscan una victoria frente a una pantalla que muestra una esperanza en 16 millones de colores, triste esperanza, pero habitual de los tiempos que corren.
Cada tecla ya no suena como un pedazo de plástico generando una respuesta en un aparato que de tan raro se nos hizo cotidiano, son, letra a letra, latidos de un corazón de piedra, acorazado en una caja de cristal, que grita con el “tac tac” buscando una salvación, una liberación que le devuelva la posibilidad de soñar en que hay algo más alla del mundo blanco y negro en el cual se encuentra atrapado.
Pero todo se esfuma, la ilusión nunca se convierte en realidad, asi que vuelve a acomodarse en su cajita, las teclas vuelven a hacer ruido, y mis dedos a golpearlas, hasta casi buscando una venganza por ofrecer una dolorosa ilusión. Así, así paso las noches.
Levanto la mirada, lentamente, hasta casi intimidado por la posibilidad de no ser yo.
Caras responden, observando, expectantes de un movimiento, una acción para poder juzgar, estereotipar, encasillar.
Helado como una cebra que se reconoce presa, preparado para reaccionar, elijo lo simple, el personaje habitual.
Por qué? se preguntarán, y solo hay una respuesta a eso, semanas, meses después el paquete ya esta armado y es un componente asiduo de una personalidad pensada. La oferta de venderse chato y superficial gana sobre la posibilidad de brindar algo más alla de la coraza armada con anterioridad, y con signos de un uso excesivo.
Asi que el tiempo pasa, entre tristes actuaciones y ocultos placeres, me reconozco nuevamente víctima de mi mismo, caído por enésima vez en el mismo rol de un papel que ya es costumbre utilizar. Las miradas siguen juzgando, frente a un claro estereotipo se rinden y opinan, observan y deciden sobre una persona que esta oculta dentro de otra, y que nadie, pero nadie quiere ver.
Entre sombras reparto mi vida, en sombras familiares que ahora me son ajenas, en esas sombras ajenas que ahora me son familiares.
Lo que supo ser familiar, muestra garras de incertidumbre, combatiendo contra un enemigo que no existe, contra un cambio que es irreversible, irreprochable y a su vez, amenazador. Y asi un mundo acogedor se convierte en un escenario hostil, en donde la presencia de uno paso de ser una garantía a un riesgo que cada vez quiero correr menos.
A su vez hay un nuevo mundo, sin recorrer, inhóspito, esperanzador y hasta en algún sentido peligroso, invita a perderse, sin que eso signifique necesariamente algo malo, porque a su vez es reencontrarse, hacer esa tan temida confrontación con uno mismo, sin saber si alguien saldra vencedor.
Este nuevo mundo de sombras no es tan confortable como el anterior, pero entre su fresca novedad, también se encuentra un extraño sentimiento de familiaridad, como si el tiempo pasa más rápido, las distancias son más cortas y las amenazas, casi ínfimas.
Esa sospechosa tranquilidad acecha a las ganas de ser feliz, atacando incansablemente ese sector cerebral que parecía controlado, habiendo mirado más allá del arbol, encontramos un bosque, pero ahora sabemos que más allá del bosque hay otros mundos, montañas, mares, más que solo bosques, estamos invitados a conocerlos, aunque no sabemos si aceptar la invitación.
Sentado en las sombras de mi vida, en una ya clásica y constante retrospectiva, llegué a la conclusión que todo cambió cuando quise, y hoy me siento en un bar de una ciudad ajena, destapo una rubia obsesión y ese “pssst” que realiza al clamar su ansiada libertad, genera la misma cara de placer y ansiedad en propios y ajenos, aunque ni unos ni los otros lo sean tanto. Hoy me lleva a que los más viejos y habituales sean nuevos, que todos seamos extrañamente conocidos y ajenos a la vez, de extraños a familiares en un suspiro, de familiares a extraños en un parpadeo.
A pesar de eso noto que al volver, lo hago a una burbuja, a una mentira envuelta en calles, a un desperdicio lleno hasta al hartazgo de gente confundida e ignorante que cree que esta de vuelta cuando todavía ni siquiera penso en comenzar la ida.
Todo esto mientras sentado, disimuladamente miro el reloj, porque no quiero que se note que espero, porque todo llega cuando menos se espera no? bueno, yo no te espero más.
“Veni veni, ahora baja” le decía la señora, sosteniendo de la mano a su niño, el cual bajaba lentamente hacia la calle, mientras que el semáforo se ponía tímido, avisandole a los conductores que debían frenar, o al menos eso decía la ley.
Cuando bajo, el niño, envalentonado por su corta edad intentaba apresurar a su madre a cruzar por la parte cebreada de la avenida, apurado quién sabe por que razón, mirando fijamente el horizonte, el más allá, o algo que quizás su propia imaginación le obligo a seguir tan velozmente .
Su juventud, su inocencia o tal vez su falta de experiencia no le permitieron cumplir con las reglas que tantas veces le habían repetido su madre y su abuela, “mira a los dos lados antes de cruzar” no era una frase con tanto sentido hasta ese momento… porque esa pequeña coupe roja, tan de moda para los jóvenes, que venía casi besando el piso, sobre las llantas tamaño carreta traía detrás del volante a un no tan adolescente conductor, que a pesar de sus años, quería parecer eternamente joven. El no vio o tal vez no quiso observar que el semáforo le recomendaba encarecidamente detenerse; el, simplemente, no lo hizo.
Un suspiro, un parpadeo fue lo que le tomó al auto capturar al hijo de la pobre señora; la cual hasta demoró en entender que la pequeña manito de su nene se le había escurrido de su firme mano, que ahora simplemente estaba a muchos metros, demasiados para ella, por delante de dos rayones negros sobre el mudo asfalto, de la coupé del hombre mayor disfrazado de adolescente, de ese rojo que disimulaba el bordó de la sangre, y ese pequeño redondel astillado sobre el parabrisas, con una rara salsa casi negra, con el tamaño sospechosamente parecido a la cabeza del pobre niño, esa misma que ahora esta abierta sobre el piso, atrapada con el resto de su cuerpo, en una posición dolorosamente extraña. En el impacto, debido a su tamaño, las piernas solo se ven un poco quebradas, a la altura de sus aún jóvenes y débiles rodillas, y en dónde el resto del daño se lo llevo su pequeña cadera, la cual evidentemente no esta atada al resto del cuerpo como hace 15 segundos estaba.
La madre sufre, no puede entender que acaba de pasar, mira a su pequeño buscando una reacción, una explicación, el niño yace con sus brazos abiertos, casi pidiendo un abrazo, por el golpe que lo dejó perplejo en esa posición. Él parece observarla, porque solo por casualidad sus ojos quedaron abiertos, mirando hacía su lado, con sus ojos marrones cada vez más ópacos, batallando contra una pelea que tiene claramente perdida. Su columna tal vez hubiese trasladado todo el dolor en sus miembros inferiores… hasta que su madre llegó a el, y movió su pequeña cabezita, abrazó su cuerpo, y termino de masacrar las vertebras que aún mantenían la ilusión que el cuerpito volviera a moverse.
El pseudo adolescente aún no sabe que sucedió, “para que frenar” era la consigna, “porque no frene?” es la actual. Todavía no entiende que haya cargado una vida a su picardía, a su viveza para no respetar normas tan simples como frenar ante una luz de un color específico. Aunque cuando lo entiende, no se preocupa tanto por lo que hizo, si no por los resultados de su acción, sabe que eso le puede dejar varios años guardado en un lugar a dónde el solo conocía por programas de televisión y películas norteamericanas, un lugar tenebroso, peligroso, no para personas como el, pensó.
El semáforo pierde la timidez, vuelve a ofrecer esperanza para que los transeúntes se detengan y los autos vuelvan a circular, aunque nadie lo hace, todos esperan conmocionados, algunos hasta detienen su marcha y se bajan, intrigados por lo que ese gran círculo de personas encierra, solo dos cosas aumentan, la cantidad de sangre y la de personas que observan lo que pasa. Estadísticamente sabemos que debe haber uno o dos médicos entre ellos, pero las mismas leyes que no cumplió nuestro conductor, los asustan y le dejan romper ese hipócrita juramento para no hacer nada por el infante que, entre dos tocidos ahogados, se termina de despedir de su madre, el fin del sangrado avisa que su jóven corazoncito a dejado de pelear.
La madre sigue sin comprender, el conductor sigue sin bajarse del auto; sufre los futuros frutos de su acción, pero ya comienza a fantasear con la posibilidad que esas mismas leyes que lo van a juzgar, puedan manosearse como cotidianamente lo hacen y permitirle volver al volante de su coupé roja. Esto mientras todos observan; los ruidos de la selva urbana no pueden tapar el mudo sonido del dolor de una madre que ya no lo será más, y sueña con una ambulancia que aún, no se escucha.
“Lucky” de Jason Mraz suena, mi día arranca, una personalidad madrugadora abre los ojos, mira la hora y otra personalidad no lo puede creer, que hace este cuerpo reaccionando tan temprano? con que necesidad? asi que ese cuerpo enojado por haber madrugado intenta por todos sus medios que la cama sea el lecho que lo ampare unas horas más, una nueva personalidad nace, hace mover al cuerpo y lo lleva hasta intentar hacer algo útil, en ese momento dos personalidades mellizas se enfrentan, una más hambrienta quiere imponerse y desayunar, mientras que otra, más acorde al madrugador enojado, no quiere hacerlo, es más, no quiere hacer nada. En este caso, los mellizos se reparten victorias por partes iguales, dependiendo del día.
El tiempo pasa, las personalidades que miran tele y leen el diario se reparten por el resto de la mañana, ambas hacen los posible por tener maniatado a la pobre personalidad más inquieta, la que quiere salir a hacer las cosas que después la personalidad responsable sufrirá por no haberlo hecho, aunque esta pobre inquieta muy pocas veces logra salir victoriosa.
En el almuerzo los mellizos ya tienen un claro dominador al parecer, el que cocina, aunque una vez desprevenido sufre el ataque de su hermano, que durante el proceso lo ataca, dejando casi todo a medio hacer, sucio, impresentable.
La personalidad vaga vuelve a tomar el control mientras los minutos para ir a trabajar pasan, se sabe a que hora debe partir, aunque espera hasta que sea tarde para apurarse, y ahi de nuevo la personalidad responsable aparece para poner una piedra más en una ya interminable mochila que el cuerpo carga.
En el camino al trabajo la personalidad soñadora toma un control que ninguna quiere pelearle, en ese momento todas salen a pasear, a soñar por ahi, por lo menos por unas cuadras, mientras que el cuerpo mira por una ventanilla que le muestra una rutina diaria y a la vez incansable a la vista.
El trayecto culmina y las personalidades, sea cual sea la que este en control al momento, se ven abrumadas por lo que encuentran y le permiten al cuerpo parar los pensamientos, detener el martirio constante y disfrutan el momento, esos 15 minutos de tiempo muerto que llevan al cuerpo a descansar de lo que la vida le ofrece.
Pero como todo lo bueno, se acaba, la rutina sigue y hay que intentar ser responsables, en dónde la ruleta de las personalidades puede tomar un ganador en cada momento, la personalidad agresiva, que odia las llamadas, a la gente que llama, y basicamente a si mismo, la personalidad responsable, que trabaja y hasta casi disfruta hacerlo, la personalidad extrovertida, aunque sea puro engaño, aprovecha la situación para conocer gente, charlar, desenvolverse en un ámbito rodeado de más personalidades, aunque ellas solo tengan una por cuerpo, y asi hay miles más que logran controlar, aunque sea por unos instantes, al maltrecho cuerpo.
El sol se esconde y con el regreso a casa vuelve la pelea por el control, la personalidad responsable solo toma el control cuando es absolutamente necesario hacerlo, pero como siempre, lo hace al limite, y eso quiere decir, tarde.
Así que la personalidad vaga de siempre vuelve a controlar al cuerpo, haciendo lo que hace mejor, nada, mientras que lo único que generan es culpa y problemas que se suman a la interminable lista.
Hoy, por un rato, ganó la personalidad escritora, que no es más que la válvula de escape frente a un cuerpo que no transmite más sensaciones de las que los demás quieren ver, así que aprovecha y antes de generar un colapso, trabaja de esta manera, permitiendole al triste escritor, un momento de frescura y desahogo.
Sin más, y habiendo muchas más, estas personalidades abandonan, esperando que alguna vez una de las tantas quiebre, se desespere y asesine a las demás, no importa cual sea, mientras solo sea una.
Caminaba por la playa, con tu mujer y alguien más, en nuestra ciudad, en nuestra costa, mirando el mar, enamorado de esa linea azul que choca con el cielo, de ese horizonte de agua del cual no puedo estar más enamorado, dejando que la arena se entrometa entre mis dedos, revisando como siempre de reojo al suelo, buscando esas aguavivas tan raras, tan víctimas de la marea, tan simples y a la vez muy respetadas por mi falta de gusto a lo que no entiendo.
Y ahi, como corri la vista del interminable horizonte azul, te encontre a vos, en esa tan imposible situación, por alguna tétrica y morbosa razón, reaccione hasta casi con sospechosa tranquilidad, mis ojos te extrañados, más no asustados, añoraban con verte, pero nunca esperaban encontrarte.
Así que corri, mientras los demás no lo hacían, no se porque, tal vez no te veían, o tal vez simplemente era aún más normal para ellos encontrarte, quizás no eras la novedad para ellos como si lo eras para mi. Llegue a vos, y si eras vos, en la playa como en mi vida te habia visto, juntando esas almejitas playeras, esos residuos playeros clásicos, que pasan inadvertidos para la mayoría menos para los niños que disfrutan jugando a coleccionarlos. Vos, lejos de ser un niño, los juntabas con el mismo ímpetu que ellos, te agachabas con sospechosa simpleza para los años que tenías encima, tu mano derecha elegía las víctimas que iban a caer en ese balde rojo que tu otra mano sostenía con firmeza. Por alguna razón sabía que lo que estabas haciendo no era para vos, y muy extraño fue, que en vez de ponerme triste, me sentí feliz de saberte acompañado, malcriando a alguien, por lo menos hasta que yo te alcance y lo puedas hacer conmigo.
Trate de hablarte, y creo que lo hice, no se porque el sonido no es mi fuerte en esta situación, algo me respondiste, pero obviamente nunca voy a saber que, escuche tu voz, pero evidentemente inventada por mi cabeza, porque no dijiste palabras, solo tal vez necesitaba escuchar tu voz. Extraño tu voz y tus palabras, tus consejos, te extraño a vos.
Ahora si, todavía sin mirarme, concentrado en semejante trabajo, me preguntas algo, me pedis, necesitas cambio de un peso. Nunca en lo que me reste de vida voy a entender porque me preguntaste eso, y yo, descalzo, en cuero y con mi malla verde manzana, intento revisar como si fuese a, mágicamente, aparecer un bolsillo en mi cuerpo, le abro los brazos, me encojo de hombros y le refuerzo la negativa su pedido con una voz cortada que le dice “no, no te puedo creer, me quiero morir, no” y no lo entiendo, pero en ese momento, sentí como los pedazos de mi destrozado corazón se caían a pedazos, como mi alma se despedazaba por no poderte ayudar en este bizarro y casi enfermizo reencuentro. Vos intentas mirarme pero no se porque tus ojos nunca existen, y respondiendo con el mismo gesto me decís, casi resignado, con una profunda, demasiado profunda tristeza, que no hay problema, que igual solo tenías 70 centavos.
Intento tocarte, necesito tocarte, aunque estuvieses frío como la última vez que lo hice, lo necesito tanto, pero no puedo hacerlo. Es como si una burbuja jugase con mis sentimientos, se riera de mi necesidad y me demostrara que de una vez por todas debo dejar de esperarte, soñarte, de pensar en alcanzarte. A pesar de eso, intento, y por dios que lo hago, daría todo por poder llegar a vos, pero no puedo. No existe nadie más en la playa, solo ellos a muchísimos metros, indiferentes, vos y yo, y no puedo ayudarte, creo que nunca más podré.
Me levanto más triste que nunca, como si me hubiese pisado un camión, y a su vez me hubiesen tirado 1000 kilos de tierra encima, como si el que estuviese bajo tierra fuese yo.
Tanto soñe y tanto sufri por no haber podido ser lo suficiente para vos, para que te vayas pensando en q fui todo lo que pude, cuando en realidad te fuiste cuando no era nada, aún no soy nada.
De no querer dormir a no querer despertarme, en sueños solo te tengo, en recuerdos, en fantasías, en inexplicables encuentros. De vivir soñando a soñar vivir, tanto cambia y con tan poco.
En una sola conversación de tu familia, los sueños se volvieron palpables, la esperanza un hecho, la fantasia una temeraria realidad que temo afrontar, ellos dicen que me van a ayudar a ser más, a ser lo que siempre quise ser para vos, lo que nunca pude.
En una sola conversación, solo eso faltó para que mi corazón se detuviera y me diera cuenta que cargaba con una mochila de tristeza y verguenza que vos no me habias puesto, pero todos sabemos que siempre me exigi de más, y nunca voy a poder solucionar el hecho que, por más que ahora se que lo creías, no te haya podido demostrar que era más de lo que vieron.
Ahora que no necesito estar dormido para mirar un futuro diferente, me da miedo caminarlo, tu abandono lo sentí como un fracaso muy personal, más alla de que ahora entre las sombras me sigas cuidando. Y que si no puedo ser más? y que si esa factible realidad no era más que un castillo de arena? y que si jugar a mi número no es ganar?
Cómo siempre te necesito, como siempre se que no vas a estar, pero el futuro brinda un alentador miedo de jugarme y ver q sale, de la derrota se sale, el fracaso tal vez se supere, pero la estupidez que sería no arriesgar, no.